Un simulacro en Valencia

Un simulacro en Valencia
Dicen la gente que me conoce que siempre voy contrario a todo, que vivo quejándome y que las cosas que me suceden a mí no les ocurren a nadie. 
 
Sobre todo esto; solo tengo que añadir que tienen razón; en parte. Porque no siempre voy contrario ni vivo quejándome por todo; pero si es cierto que me pasan cosas; raras no, lo siguiente.
 
Resulta que en mi viaje a Valencia, en el cual tal y como le comentaba en mi última entrada “Con un cubano es suficiente a pesar de no visitar ni la mitad de los lugares que tenía en mente; uno al que si no podía dejar de ir era la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Pero una vez allí, comenzó la tragedia.
 
Estaba haciéndome unos selfies como de costumbre, cuando veo moverse algo en el agua. Me acerqué un poco más y efectivamente había algo en el agua, y se estaba moviendo. 
 
Parecía un animal, pero era muy pequeño para que solo se le viera sacar la nariz cuando respiraba. Parecía como un foca, o un león marino, pero era demasiado pequeño; tenía un poco de los dos. Muchos de los espectadores que a esas alturas me hacían compañía, se preguntaban también como había llegado a ese lugar. ¿Se habrá escapado por las alcantarillas? 
 
Algunos de los presentes querían adentrarse en el agua para cogerlo, pero yo me negaba con temor a que se escapara; y entonces habría sido en vano aquella hora de espera. ¿Qué tal si resultaba ser una especie nueva? Ya me veía contando la historia en la tele o en internet.  
Para cuando logré que una trabajadora de allí llegara al lugar a ver al animal, ya éramos una multitud. Todo el mundo poniendo todas sus fuerzas en que no se escapara mientras llegaba un oficial a cargo.

Si es cierto que me molesté muchísimo al hablar con uno de los guardias de seguridad y mientras le comentaba, me di cuenta enseguida que no me creía; pensaba que se trataba de una broma ¿Cómo iba a jugar con algo así? Había una vida en peligro. Es por eso que en cuanto vi que no venía ningún guardia, les ordené al público presente que hicieran vídeos y subieran a internet para que todo el mundo lo viera.

Cuando llegó un coche con varios agentes de seguridad y trabajadores del lugar, ya uno de los presentes se había quitado los zapatos y doblado el pantalón para tratar de llegar al animalito. Lo sucedido después de eso, no quisiera ni recordarlo.

Cuantas ofensas a aquellos guardias para lograr que llegaran allí, hice salir de sus puestos de trabajos a varios trabajadores; toda una multitud, gente por doquier pendiente a aquello; lo que finalmente terminó siendo un juguete de plástico. 

¡Qué bochorno! No sabía dónde meterme, que vergüenza después de todo. Casi tres horas derrochadas sobre aquella causa, que resultó ser un león marino perdido que algún niño dejó en aquellas aguas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

El regresar a Valencia es un hecho, el visitar nuevamente la Ciudad de las Artes y las Ciencias, tendría que replanteármelo. 

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