Un poco para todos

Un poco para todos
Mis compañeros de la residencia siempre me dicen “Nunca antes habías salido de la isla, pero tienes amigos regados por todo el mundo”.  Y si es cierto que tengo decenas de amigos distribuidos por el mundo; pero lo mejor del caso es que ninguno repite el mismo lugar de residencia; así tengo varios destinos que visitar y miles de lugares por conocer.
Uno de mis más grandes amigos que tampoco vive en Cuba, hace unos días después de mi última publicación por el Día de San Valentín; me decía “Tu que eres un experto en poemitas y cositas cómicas, ¿Qué debo hacer para que me dure una relación más de tres meses? Es que por más que trato no sobrepaso esa cifra.” (Que conste que no voy a revelar el nombre, eso es secreto profesional).
En respuesta a su pregunta le dije: puede que escriba ligeramente bien, pero no soy un experto en relación de parejas y mucho menos estudié psicología para poder hablarte sobre el comportamiento humano.

Y en segundo lugar, creo que la cosa gira un tanto en torno al amor inteligente.

¿Amor inteligente? Un silencio se apoderó del chat, pasado treinta minutos y seguía el mismo silencio; así transcurrieron horas, días; en los cuales esa terminología me venía dando vueltas a la cabeza; no recuerdo si fue que la escuché alguna vez, si leí sobre eso o que. 

Hoy luego de mis clases realicé una búsqueda en internet y creo que encontré algo que puede satisfacer la curiosidad sobre el tema, para él (que se va a leer esta entrada) y para todos aquellos que no sepan sobre que va la cosa, les dejo este post.

 El amor inteligente es aquel que pone sobre la mesa los sentimientos y la razón, pero sin perder la ternura ni la espontaneidad, que comparte además unos ideales que lo hacen trascendente.

Es preciso tener en cuenta además que alberga tres ingredientes simultáneos: una buena relación sexual, que se irá consiguiendo con el tiempo, la compenetración psicológica, que implica unir corazón y cabeza, sentimientos y razones; y la compenetración espiritual, es decir, aspirar a elevarse y superar los vaivenes de la vida.

Lo importante es lo pequeño: el mejor amor se echa a perder si no se cuida con pequeños detalles que hacen agradable la convivencia. Por ejemplo, esperar la llegada del otro, sorprenderle con algo agradable, ir al cine, una cena, una ropa especial…Se trata de conservar siempre la capacidad de conmover al otro con cosas menudas, insignificantes, pero que lo convierten en ese ser único y especial.

No ser exsecivamente susceptible: hay que olvidar las pequeñas tensiones que inevitablemente conlleva cualquier convivencia, mirando la parte positiva de los problemas y suavizando siempre la situación.

Evitar discusiones innecesarias: aprender el arte de aceptar distintos criterios. Aquí se mezclan con arte y oficio, el saber ceder, el saber encajar, y la capacidad para zanjar un tema sin volver obsesivamente sobre él. Evitando así esas discusiones que alimentan esa lista de agravios y no nos llevan a nada.

Tener capacidad de reacción: hay que evitar que las tensiones y problemas impidan el diálogo durante horas o días, gestos negativos, lenguaje crítico… Hay que saber pedir perdón, aproximarse al otro e impedir que ninguno se sienta demasiado derrotado. Una pareja bien avenida se crece en las dificultades y tiene recursos para superar y sortear los escollos de la vida.

Adquirir habilidades comunicativas: hay que aprender a respetar al otro, mostrándolo con palabras, gestos y acciones, saber ponerse en su lugar, cuidar el lenguaje verbal, saber expresar lo que realmente queremos decir. Asi mismo, también se tiene que tener en cuenta la comunicación no verbal, la mirada, los gestos, todo ello influye y mucho.

Procurar que no salga la lista de agravios: aquí la palabra es plata y el silencio es oro. Aprender a callar cuando es redundante hablar, cuando solo sirve para pelear, resulta el mejor argumento para evitar agravios y recriminaciones que solo conseguirían envenenar la relación.

Intercambiar recompensas: ello requiere compenetración y estar atento a las necesidades del otro. Estas cosas son las que rompen la monotonía y dan salsa a la relación.

Por último, es importante no olvidar que, para estar bien con alguien, hay que estar bien primero con uno mismo; haber conseguido un cierto equilibrio personal y estar relativamente contento con la propia forma de ser. Y tener presente que solo quien es libre es capaz de comprometerse

Algo tan serio como el amor y la estabilidad conyugal merece la pena planteárselo.

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