No es cuestión de gusto, sino de motivación

No es cuestión de gusto, sino de motivación

Si mi profesora de Español Literatura tuviese la oportunidad de verme, posiblemente estuviera orgullosa de mí; cuantos regaños por no querer leer a Quevedo o por no hacer las tareas cada vez que leíamos a Cervantes. Odiaba infinitamente los noventa minutos que suponían aquellos turnos de clases, y es que ¿de qué le sirve tanta literatura a un ingeniero informático? Si decidí estudiar en un Pre-universitario de Ciencias Exactas por algo sería, ¿O no?; decía en aquel entonces. 

Aún recuerdo a Don Quijote de La Mancha; cuanta imaginación, cuanto poder de abstracción para poder entender aquellos textos; todavía cierro los ojos y me veo en medio del grupo dando lo mejor de mí en aquellas lecturas: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.» Lo leía más de mil veces en silencio, antes y después de la lectura a viva voz; y por más que trataba no me enteraba de nada. Finalmente mi profesora entendió que lo mio no eran las letras y me dió por incorregible.

 

Luego la recuerdo refiriéndose a nuestro futuro profesional, con frases como «Algún día me tocará a mí leer sus textos, y quizás entonces tampoco yo entienda nada de lo que escriben», o algo así como «No todos tenemos la capacidad e imaginación necesaria para escribir y hacer que nos sumerjamos en su historia»; a todas estas, yo me hacía el que no escuchaba sus indirectas, y como sino fuese conmigo miraba por la ventana que daba a la calle, y así pasé esa asignatura. 

Pero por azar del destino, hace unos días visité el Museo Casa Natal de Cervantes, la cuna del autor de Don Quijote de La Mancha. Una casa situada en el casco histórico de Alcalá de Henares, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Actualmente también alberga una importante colección de muebles, cerámicas, grabados y cuadros de la época así como un importante fondo bibliográfico.

Fue tan asombrosa la visita, que decidí hacer mis deberes sobre Cervantes, espero que mi profe de Español Literatura pueda leerme algún día, y darse cuenta que no era cuestión de gustos, sino de motivación.

He aquí algunas cosillas que quizás no sabías sobre el autor del Quijote:

Miguel de Cervantes tuvo una vida tan apasionada como poco conocida. Fue espía de Felipe II, trabajó para la iglesia cuando se cree que tenía sangre judía, vivió un asalto pirata en alta mar, estuvo preso, fue recaudador de impuestos, también marido intermitente, viajero incansable…. Tuvo una vida tan sorprendente que pudo ser el mejor personaje de sus novelas. 

Sus opiniones en torno a la sociedad, el amor, la familia, o la educación se respiran detrás de sus textos. 

La fama le sobrevino casi al final de su vida, en 1605, con la publicación de la primera parte de su inmortal obra «El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha».  

Por aquel entonces vivía en Valladolid, pero pronto se trasladó definitivamente a Madrid (1606), al hoy conocido como Barrio de las Letras. Allí fue vecino de los más importantes literatos del Siglo de Oro español, como Góngora, Lope de Vega y Quevedo; y allí escribió las Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614) y la segunda parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (1615). Ya enfermo terminó de escribir Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su última obra que se publicó de manera póstuma en 1617.

Murió el 22 de abril de 1616, siendo enterrado al día siguiente en el Convento de las Trinitarias.

Visitar su casa natal, es como regresar al pasado, como contar una historia; una historia que habla por si sola; es como un diálogo artístico que invita al espectador a crear su propia imagen de ese gran aventurero y genio que fue Miguel de Cervantes, del que no se conserva ni una sola imagen oficial ni una sola obra manuscrita. Pero del que, afortunadamente, podemos seguir rescatando obras y recreando imágenes.

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