Añorado encuentro

Añorado encuentro - Viajando sin ropa de invierno
Hoy hace exactamente un año y tres meses, una de mis mejores amigas salió de Cuba con el objetivo de crecerse profesionalmente; desde entonces y hasta la semana pasada que llegué aquí a Barcelona (BCN) no nos habíamos visto más. Recuerdo el día que fue a despedirse, eran las 11 PM y ya listos para dormir, pasó por la casa para darme la noticia; y con lágrimas en los ojos, nos dimos el «hasta pronto»
 
En ocasiones nos escribíamos correos, y cuando tenía la oportunidad me conectaba a whatsapp y chateábamos un rato; entonces nos poníamos al día sobre sus clases, el frío del invierno, la gente, el idioma. Luego como siempre hacíamos en la isla; nos reíamos de nosotros mismos, de nuestros chistes, de las cosas que nos pasaban a diario, de mis horarios de trabajos que tenía de dividirlos entre mis clases de francés en la Alianza, cosmetología en Bella Caribe Internacional, luego la empresa y para el final del día terminaba en la peluquería  arreglando cabezas; bueno, pelos.

Después de todo eso, nos despedíamos como si nos fuésemos a ver al día siguiente en DESOFT; como si estuviese a 30 minutos de casa, a 0.5 centavos en moneda nacional el minuto. Unos centavos que se convertían en horas hablando de postres, o de que íbamos a llevar para almorzar, sobre las ocurrencias de Diana, sobre mis exámenes, de la casa, o de la familia. Yo le daba mis quejas y ella a mi, las suyas.

El día del encuentro yo miraba por la ventana de la guagua a ver si la veía en la parada, de pronto alguien entre la multitud me grita «bel ami, bel ami»; ambos brincábamos de la emoción, no parábamos de reír, de mirarnos, de abrazarnos, hasta alguna que otra lágrima se nos escapó. Que guapa, que cambiada, que bien le asentaba Europa. Estuvimos horas hablando antes de ir a la cama y esperando a que llegase la tercera persona de esta historia (la más inteligente de los tres); quien hizo acto de presencia días más tardes. 

¿Qué sería del uno sin los otros? 

Ya los tres juntos, Barcelona nos quedaba chiquita. ¿A qué plaza, a qué edificio, a qué parque no fuimos? ¿Qué escultura o lugar no fue visitado? ¿En cuáles de nuestras fotos no sale un paisaje de esta preciosa ciudad catalana? 

Mucha energía positiva, infinidades de ocurrencias, peleas, problemas para compartir un postremalas caras y bromas; pequeños accidentes ya sean caseros o en medio del Parque Güell, una puerta con serios problemas para abrirse, malas decisiones para regalar bufandas y relatos sobre estos meses de convivencia con terceros. Historia sobre el capitalismo y como hemos sobrevivido al invierno y al consumismo, sobre la primera vez en el metro, o nuestra primera compra en un mercadona, carrefour, o un paki. Relatos sobre nuevas amistades, sobre la vuelta a la universidad y el primer trabajo en España (la venta de seguros). Sobre las vueltas que da la vida y las que damos con ella.

Repasamos además un poco nuestro inglés que hacía tiempo no lo practicábamos, y aprendiendo un poco de catalán; frases como Bon dia, Bona nit, Adéu y Bon Nadal (nada que ver con el inglés) fueron parte de nuestro andar diario en cada sitio en el que estábamos. 

Varias combinaciones para llegar a los lugares: metrobusmetro, bus metrobus y cuando decidimos llegar hasta el Parque de Atracciones Tibidabo agarramos hasta el funicular, que bellas vistas desde ese lugar; toda Barcelona a nuestros pies, una ciudad tan enorme como esta y desde allá arriba era contemplada por nosotros.

Comida casera o rápida, una ensalada para chuparse los dedos, una decepción de un Burguer King, un pollo asado listo para las 2 AM; seis manos haciendo unos espaguetis, servilletas desechables rojas, tres copas, cuatro botellas de vino, tres de crema de whisky y una de champagne. Turrones antes de la noche vieja; polvorones, trufas, bombones antes y después de cenar. Indisciplina en la mesa de parte de la tecnología, imo, whatsapp y facebook haciendo de las suyas; los viejos y los nuevos amigos comentando nuestras publicaciones.

Noche de cine en casa, después de una sesión de masaje por parte de cada uno de los miembros del equipo, en el cual salimos beneficiados todos. Una sesión de peluquería antes de cada salida y clases prácticas con palillitos japoneses en pleno restaurant, con tal de que no se molestara uno de los integrantes que nunca había utilizado unos. 

De todo como en botica; como dirían en Cuba. Todo esto y mucho más fue nuestro andar por esta ciudad encantadora, todo esto fue nuestra celebración por los cumpleaños pasados en los cuales no estuvimos presente, nuestra navidad, nuestra noche vieja y nuestro año nuevo.

Si todo esto fue el reencuentro, ¿qué dejaremos para las vacaciones?

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