Adéu Barcelona

Adéu Barcelona
Deben ser pocas las personas a las cuales las despedidas no les causan ningún efecto, pues a diario nos estamos alejando de lugares, personas y situaciones. 
 
Por lo general se asocian al distanciamiento de una experiencia agradable vivida, a la separación temporal con personas que se estiman o al alejamiento de lugares especiales en que se ha estado, en definitiva cualquier vivencia que tenga una connotación de inolvidable; marcará un antes y un después en nuestras vidas.
 
Aquí en Barcelona sentí nuevamente ese olor a mar que tanto disfruto, bajar Ramblas y sentirme caminar por el Paseo Prado; pendiente a las carteras porque siempre hay un oportunista aprovechándose de la situación. Mirar sus calles aledañas y ver reflejada La Habana Vieja, un poco más limpia y cuidada; pero muy parecida a Mi Habana. A La Habana de todos, a la que tanto rechazamos y tanto anhelamos.
 
No fue sólo un lugar de reencuentros sino de muchas sorpresas, de nuevas amistades; otros cubanos y más españoles
 
El lugar donde pasé mi primera Cena de Navidad fuera de Cuba, mi primera Noche Vieja y mis primeras doce uvas, mi primera cabalgata y mi primera carta a los reyes magos
 
El primer arroz blanco decente y garbanzos fritos en tres meses; con todas sus especies y la parafernalia que implica hacerlos, los probé aquí.
 
Dice un amigo mío, que Barcelona es la ciudad donde te encuentras a ti mismo, la ciudad que recibe a todos los extranjeros, un lugar con mucha cultura y mucho arte. Un lugar donde te sientes como en casa y al cual siempre debemos regresar.
 
Pero lo importante de las despedidas es reconocer la existencia de un tiempo vivido y compartido que deja experiencias únicas e indelebles, las que, de no haberlas tenido, habrían hecho de nuestra existencia una vida sin recuerdos, sin añoranza.
 

La nostalgia de una despedida trae consigo la esperanza de un anhelado regreso. 

Es preciso despedir el atardecer para ver llegar el alba.

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