¿A quién me toca sufrir ahora?

¿A quién me toca sufrir ahora? - Viajando sin ropa de invierno
Muchos de los que me conocen saben que sería incapaz de echar a alguien de mi habitación, que además soy buena onda (chévere o buena gente como dirían en Cuba), buen compañero y sobre todo AMIGO. Pero otros de mis conocidos más recientes me dicen que el del problema debo ser yo; que ¿Cómo es posible que no me duren mis compañeros de habitación?, que no tengo pegada, que apenas en casi dos meses que llevo aquí ya he tenido dos conviviendo conmigo y al cabo de los días, deciden irse a vivir a otro lado.
 Yo les juro, que mi comportamiento ha sido impecable, que respeto el sueño y el espacio ajeno, que no toco ni cojo nada de lo que no es mío, incluso cuando están estudiando dentro de la habitación trato de molestar lo menos posible. Respeto además la privacidad de la persona y me consta que mejor compañero de habitación que yo, muy pocos.
 
Existen especulaciones sobre mi situación acá; dicen que llegó una orden desde Cuba, diciendo que debo estar incomunicado y alejado de toda aquella persona que conviva con el mundo capitalista. Además de esa orden venía una nota que decía más o menos así: pongánmelo en una habitación en el último piso al final del pasillo, alejado de los otros latinos, alejado de gente alguna y de todo aquel que hable español, y si por casualidad, la otra persona aprende a hablar español me lo sacan inmediatamente de ahí, no queremos diversionismo ideológico*.

Otros me dicen que va a ser cierto eso, de que me enviaron a cumplir una tarea o algo así, como crear un CDR o armar un solar como los de la Habana Vieja. ¿Qué cómo es posible que me hayan dejado salir de la isla? Claro está, todas estas especulaciones fueron infundadas sin conocer la Odisea que viví para llegar hasta aquí; si les contara, es muy probable que no me creerían.

El hecho es que oficialmente, vivo otra vez solo, disfrutando cada mañana de la vista al campus Miguel de Unamuno que me ofrece mi habitación; desde ahí se vé casi todo, la Facultad de Derecho y Economía, la Biblioteca de Derecho, el Banco de Santander, el Colegio de Cuenca y toda la Avenida principal hasta la Estación de Autobuses. Desde ahí puedo ver todo y a todos; quién llega y quién sale de la Residencia, y hasta tengo vista al parking. Una posición bastante estratégica; así que si alguien quiere información sobre alguna otra persona o sobre algo, se la puedo facilitar sin ningún problema; quién quita que de pronto me salga algún trabajito de investigador privado
 
Creo que va a ser cierto eso de que he sido enviado con algún propósito; algo desconocido para mí aún, pero mientras me llega la información de mis superiores, disfrutaré de mi habitación y mi compañía. Ya luego tendré tiempo para saber a quién me tocará sufrir nuevamente, si a un asiático, indú o un germánico. Yo fiel a mis principios y a mi lengua española, ya me encargaré de darle clases particulares de Español; lo que si no voy a aprender ni coreano, ni japonés, ni chino; ni ninguna otra lengua que no sea Español, Inglés o Francés.
 
*Durante muchos años, en el contexto cubano, la frase era tan socorrida que gran parte de la población, sobre todo jóvenes y adolescentes, vivían en función de evitarla: “si te dejabas el pelo largo, si te ajustabas demasiado el pantalón, si leías revistas extranjeras, escuchabas música rock o sintonizabas emisoras radiales foráneas, podías ser acusado de ‘diversionismo ideológico”.

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